Estimado compañero humano que vive con un trastorno depresivo mayor

Lo primero que quiero decirte es que antes de que seas un paciente que vive con un trastorno depresivo mayor, eres un humano.

Durante muchos años, no supe esa verdad. No sabía que era más que un paciente, que era más que mi enfermedad, o que era digno de este mundo.

La verdad es que creía que mi vida estaba compuesta sólo de diferentes tonos de oscuridad, de mis 21 hospitalizaciones psiquiátricas, de mis interminables días en cama, de mis semanas sin ducharme y de mis años de tristeza. Pensé que eso era todo lo que sería.

Aunque mi percepción era válida, era, y es, no es el caso.

Lo que soy y lo que somos es mucho más que eso. Somos más que nuestras emociones. Somos más que nuestros días malos. Somos más que nuestra oscuridad. Somos más que nuestra depresión.

Somos una espectacular compilación de pequeñas victorias que existen frente a las probabilidades no a nuestro favor.

Por pequeñas victorias, me refiero a despertar, levantarse y dar esos pasos extra pesados más allá de la cama. Me refiero a ir al baño, lavarte la cara, cepillarte los dientes y ponerte crema hidratante. Me refiero a ducharse, ponerse ropa interior limpia, lavar la ropa, doblar la ropa y comer algo, aunque sea la pizza fría de anoche. Y me refiero a salir de casa, saludar a otro humano, ir al médico, hablar con el médico y volver a casa a dormir una siesta.

Sé que es fácil trivializar estos pequeños actos, pero cuentan. Cuentan porque cada cosa que hacemos con esta enfermedad es difícil. Estas victorias están ocultas al mundo y nadie celebra lo innovadoras que son. Pero, son el acto de luchar contra algo dentro de nosotros que tenemos que aceptar frente a una sociedad que se niega a hacerlo, y todavía lo hacemos.

Estas son algunas de mis prácticas diarias que han cambiado mi vida para mejor. Deseo para ti la misma luz que he encontrado recientemente.

Permítanme presentarles “La rutina de romper la depresión de Kate positivamente”.

1. Por la mañana, cuando (y si) me levanto, bailo.

No siempre me apetece, pero cuando le doy un tirón a mi cuerpo, no puedo evitar sentirme orgullosa de mí misma. Después, digo en voz alta: “Sí, mundo, estoy bailando, porque hoy, frente a la oscuridad, todavía empecé.”

2. Bajo y me recompenso por haberme levantado.

Mi regalo es hacer un capuchino y acurrucarme con mi perro, Wafflenugget. Creo firmemente que cualquiera que viva con depresión necesita ser recompensado por salir de la cama. Ya sea que se trate de un cereal azucarado, un acurrucamiento de gato o un baño, háganlo. Te lo mereces.

3. Comienzo mi registro diario.

En mi diario, tengo tres columnas de las que llevo la cuenta: grandes victorias pequeñas, regreso a lo básico y mi lista de gratitud.

Las grandes victorias son las anomalías del “lo hice” de mi vida. Por ejemplo, cuando horneo algo, doy un paseo más largo que mis 20 minutos habituales, o hago algo social.

Volver a lo básico es la base de mi régimen de autocuidado: higiene, medicamentos, terapia, ejercicio, meditación, comida, tiempo social, etc. Hago un seguimiento de todos ellos y los celebro todos.

Mi lista de gratitud es mi constante recordatorio de los dones que tengo. Escribo cualquier cosa que me traiga un rayo de alegría. Ayer, escribí que me gustaba cómo se veían mis zapatillas rosas en las hojas amarillas y que me duchaba sin que mi pareja tuviera que pedírmelo más de tres veces. Recuerda, las cosas pequeñas cuentan.

4. Hago una cosa todos los días por alguien que no soy yo.

Puede sonar extraño, pero encuentro que cuando cuido a alguien que no soy yo, lo celebro fuera de la lente de mi depresión. Tener pruebas de que puedo crear alegría fuera de mí y mi depresión es más que valioso. Por ejemplo, ayer dejé flores silvestres en los escalones de mis vecinos con una nota, y el acto me trajo alegría.

5. Hago una cosa cada día por mí.

La depresión me deja seco de creer que valgo algo. Pero cuando hago algo pequeño por mí mismo, me recuerda que me valoro. Normalmente, con mi baja energía, esto significa ver mi programa favorito o comer mis palomitas de maíz con mantequilla de arce favoritas.

6. Hago una cosa cada día que me hace sentir incómodo.

Nuestros cerebros pueden ser complejos, pero ciertos aspectos son simples. Cada día, hago una cosa que me asusta. Ayer, hablé por teléfono con un abogado corporativo en nombre de mi compañía de café. Me costó toda la fuerza de mi cuerpo y mi alma mantener la compostura, pero lo hice. La conversación duró 15 minutos. Después de eso, en realidad tomé una siesta porque era tan agotador. Pero cuando me siento incómodo, me convierto en una versión más fuerte, feliz y capaz de mí mismo.

7. Por último, recito, recuerdo y mantengo estas verdades:

  • La salud mental sigue siendo salud. Deberíamos tratar nuestra mente como si fuera una pierna rota.
  • Ser amable sigue siendo un acto de fuerza.
  • Los pequeños pasos siguen siendo pasos adelante.
  • El perdón de sí mismo es la mayor herramienta para el crecimiento.
  • Pedir ayuda es valiente y la mayor herramienta para la recuperación.
  • No hay que avergonzarse de la vulnerabilidad.
  • La recuperación, aunque difícil, es posible.

Así que, aunque no presumo de conocerte o entender tu oscuridad, quiero que sepas que estoy aquí contigo, te veo, y creo de todo corazón en ambos.

Con amor y tonterías,

Kate Speer

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